domingo, 25 de mayo de 2008

Rubicón. Auge y caída de la República romana

Ha pasado mucho desde que escribí por última vez aquí. Muchas cosas me lo han impedido, fundamentalmente la falta de tiempo que no me permite sentarme delante de mis notas y recopilar la información para crear un artículo digno de ser mostrado a mis (escasos) lectores. Tiempo al tiempo. Seguiremos por donde nos habíamos quedado e iremos avanzando poco a poco, prometido.
No obstante, llevaba tiempo rondándome por la cabeza la posibilidad de incluir una nueva sección en el blog. Una sección que pudiera servir como complemento, o más bien como ampliación a todo cuanto se escriba aquí. Hablo de un apartado literario, en el que se irían incluyendo reseñas de los libros que he leído, leo y leeré sobre Roma y su Historia. Está de más señalar que cualquier persona que quiera aportar su crítica u opinión sobre los libros aquí reseñados, o que quiera recomendar alguno de los que se haya leído, no tiene más que escribir.
Pues bien, por fin llega el momento de inaugurar dicho apartado y lo voy a hacer con un libro, para mí imprescindible, que gira en torno a una de las épocas más fascinantes de toda la Historia de Roma: Rubicón: Auge y caída de la República romana.

Su autor, el británico Tom Holland (Oxford, 1968) es licenciado con honores por Cambridge y doctor en Historia Antigua por la Universidad de Oxford. Ha publicado varias novelas de cierto éxito, entre las que destacan El Señor de los Muertos, Banquete de sangre y El sueño de Tutankamón, que poco o nada tienen que ver con la línea científico-divulgativa de este libro que presentamos. Además, es popular en Inglaterra por una prestigiosa serie de adaptaciones radiofónicas de las Historias de Herodoto y de la Eneida de Virgilio.

Si bien Rubicón abarca cronológicamente gran parte de la Historia de la República de Roma, centra su atención en el periodo conocido por la Historiografía como Crisis de la República (entre la época de los Graco y la proclamación del Principado de Augusto) y, especialmente, en los últimos 40 años del régimen republicano, un periodo bastante conocido por el gran público (casi todo el mundo conoce por ejemplo, el triunvirato entre Julio César, Pompeyo y Craso, la rebelión de los esclavos de Espartaco o la guerra contra Cleopatra). Intercalado con la narración lineal de los hechos acaecidos a lo largo del periodo republicano, Holland expone aclaraciones sobre la vida cotidiana, la organización social y política, las costumbres o la religión, además de anécdotas tan ciertas como graciosas e interesantes. Pero es que además, no se priva de introducir sus opiniones personales e incluso sus más que particulares interpretaciones de la Historia, lo que se convierte para él en un arma de doble filo, pues si por una parte se agradece su opinión erudita, por otro lado, sus paralelismos con momentos actuales (alguna comparación puntual de la Roma republicana con el gobierno estadounidense, sin ir más lejos) supone un alto riesgo de simplificación histórica, de la que cualquier historiador debería huir. No obstante, cabe decir que dichas comparaciones o equivalencias con el mundo actual tienen un gran valor didáctico.

En definitiva, en Rubicón, Holland logra unir a sus profundos conocimientos su habilidad narrativa, obteniendo como síntesis una obra muy amena, vibrante y enormemente satisfactoria para cualquier lector que le interese la Historia de Roma.

Holland, Tom, Rubicón. Auge y caída de la república romana, Ed. Planeta

viernes, 18 de enero de 2008

Instituciones civiles, políticas y militares en la monarquía romana

En el artículo anterior dimos un breve repaso de la fundación de la ciudad y de su primera forma de gobierno, la monarquía. Antes de comenzar a hablar del siguiente período de la historia de Roma, necesitaremos dar explicación a determinados asuntos fundamentales para entender la siguiente gran etapa de su Historia. De esa manera, conseguiremos, al pasar a hablar de la República, no perdernos en la maraña de cargos, instituciones y comicios que formaban la columna vertebral de esa sociedad. En este artículo referiremos la estructura civil, política y militar de la Roma primitiva.


Instituciones civiles y políticas

  • La Familia
Era en Roma la unidad doméstica, base del orden social. Formaban parte de ella el hombre libre a quien la muerte de su padre ha hecho dueño de sus derechos; su esposa, unida a él mediante confarreatio; sus hijos; los hijos de estos con sus mujeres legítimas; sus hijas no casadas y las hijas de sus hijos, con todos los bienes que cada uno poseía. Quedan excluidos los hijos de la hija, cuando al casarse pasan a la tutela de la casa de otro hombre.
Para los romanos era una verdadera desgracia morir sin descendencia y no perpetuar la familia. Por eso, desde los primeros tiempos se buscará impedirlo, dando al hombre sin hijos la posibilidad de buscarlo en el seno de otras familias y hacerlos suyos (adoptio) en presencia del pueblo.
El padre, o pater familias dirige y conduce la familia según la ley de su voluntad, firmemente protegido por las leyes del Estado romano. El pater familias, bajo la Ley de las XII tablas tenia vitae necisque potestas (potestad sobre la vida y la muerte) sobre todos los que estaban bajo su autoridad. Ante él no tienen ningún derecho los que viven bajo su techo: desde los animales hasta su esposa, pasando por esclavos e hijos.

  • Gens
Familia o conjunto de familias con el mismo apellido (Julius, Cornelius, Servilius, etc.) Todos los miembros de la misma gens descendían de un antepasado común. Es decir, la familia romana se divide en 'familia' propiamente dicha y en gens o razas; Unos y otros se remontan a la fuente masculina común, pero mientras que la familia sólo comprende a los individuos que pueden comprobar el grado de su descendencia, la gens comprende además aquellos que, aun procediendo del mismo antepasado, no pueden enumerar sus abuelos intermedios, ni determinar su grado de parentesco con ellos. Baste un ejemplo de cómo los romanos expresaban claramente estas distinciones: "Julius, hijos de Julius, nietos de Julius, etc.". Los Julios, esa es la familia; esta continúa mientras pueden los ascendientes ser individualmente designados con el nombre común. Pero se completa con la raza o gens, que también se remonta al primer abuelo de quien los descendientes han heredado el nombre de hijos de Julio.

  • El Pueblo
Al parecer, Rómulo utilizó las tres tribus que se unieron para fundar Roma para hacer tres divisiones. Según la antigua ley, los ciudadanos se dividían así: diez casas formaban una gens; diez gentes (100 casas), una curia; diez curias (100 gentes, 1000 casas) constituyen la ciudad. Así pues, por cada tribu había 10 curias, lo que hacía un total de 30 curias en la Roma primitiva. Las curias las formaban los llamados patres (patricios), que no eran otros que los pater familias. Constituían la nobleza de raza, sólo ellos participaban en el gobierno del Estado y gozaban de todos los privilegios del ciudadano romano. Además, eran los llamados a formar parte del ejército romano. En contraposición a estos patricios, se hallaban los plebeyos (qui gentem non habent, los que no forman parte de la gente), pobladores de Roma fruto de la inmigración, en principio sin cuotas de poder, al menos hasta la reforma del rey Servio Tulio. Socialmente, los plebeyos se dividían en dos: los plebeyos asidui, los plebeyos que poseían bienes, y los proletarii, los que no contaban con posesiones.
A cambio de los servicios y prestaciones a los que los romanos patricios estaban obligados, participaban en el gobierno del Estado. Todos los ciudadanos, excepto las mujeres y los niños demasiado jóvenes, es decir, todos los quirites, se reunían en asamblea pública invitados por el rey, bien para recibir comunicaciones de este (conventio), bien para responder, votando por curias, a las mociones que les dirigía (comitia calata, comicios calados).


  • El Senado
Al poder absoluto, ostentado por el rey, se oponían frontalmente el hábito y las costumbres. En virtud de una ley, el rey no podía tomar ninguna decisión en circunstancias graves sin tener en cuenta el consejo de otros ciudadanos. Ahora bien, este Senado no era un obstáculo legal al poder ilimitado del rey, pues, entre otras cosas, no tenía competencia en asuntos relativos al mando del ejército o la justicia. El Senado, originariamente, estaba formado por los jefes de las distintas gens de la ciudad, a quienes se les llamaba respetuosamente patres (padres). Parece ser que el primer Consejo de Ancianos (Senatus, de senex, anciano) fue dispuesto por Rómulo, formado por cien miembros provenientes de las familias más importantes de la Roma original. Durante el reinado de Tulio Hostilio, tercer rey de Roma, se amplió el Senado con cien senadores más provenientes de la conquista de la ciudad Alba Longa. Finalmente, Tarquino Prisco, quinto rey, volvió a incrementar el Senado en cien nuevos miembros procedentes de las ciudades etruscas conquistadas. El número de trescientos senadores fue mantenido prácticamente sin cambios hasta los tiempos de Lucio Cornelio Sila, alrededor del 80 a.C.
La duración vitalicia de la función, y su origen basado sobre los elementos fundamentales de la ciudad misma, conferían al Senado una gran importancia, que nunca hubiera adquirido si hubiese debido su convocatoria a un simple decreto del monarca. Es cierto que los senadores no tenían más que el derecho de consejo, cuando eran llamados para ello. El rey los convocaba y consultaba cuando lo tenía por conveniente; nadie podía dar su parecer si no se le pedía; y tampoco el Senado podía reunirse si no era convocado. En su origen, no fue el senado-consulto más que un decreto, y, si el rey no lo autorizaba, el cuerpo de donde emanaba no tenía ningún medio lega de hacer que llegase su "autoridad" al dominio de los hechos. Por otra parte, hubiera sido un grave abuso no consultar al Senado en todo asunto grave. Si por ejemplo, era necesaria una guerra contra algún vecino hostil, el rey, después de haber oído el consejo del Senado, refería el suceso al pueblo: si el pueblo y el Senado estaban de acuerdo (condición necesaria), la guerra era "justa" y tendrían de su parte el poder de los dioses.


  • El Rey
Como el Estado se funda en la familia, ha adoptado las formas de esta en el conjunto y en los detalles. El poder real comenzó por una elección; pero desde el momento en que el rey convocó la asamblea de los hombres libres capaces de manejar armas, y ellos le prometieron formalmente obediencia, se la debían fiel y completamente. Representaba en el Estado el poder del padre de familia en su casa y duraba también toda la vida. Tenía el mando (imperium) en tiempo de paz lo mismo que en tiempo de guerra, y sólo él tenía derecho a hablar en público a los ciudadanos. Como todo padre de familia, que no solamente era el más poderoso sino el único que tenía poder en su casa, el rey era a la vez el primer y único órgano de poder del Estado. Juzgaba y castigaba como el padre de familia e imponía penas de policía; condenaba a muerte y a la pérdida de libertad; convocaba al pueblo para la guerra y mandaba el ejército, y, en caso de incendio, debía acudir en persona al lugar del suceso. Cuando se ausentaba del territorio, confiaba todos sus poderes administrativos al prefectus urbi (prefecto de la ciudad), incluido el imperium, siempre que permaneciese en la ciudad.
Sólo el rey poseía el derecho de auspicium, la capacidad para interpretar los designios de los dioses en nombre de Roma como el jefe de augures, de forma que ningún negocio público podía realizarse sin la voluntad de los dioses, dada a conocer mediante los auspicios. El rey era por tanto reconocido por el pueblo como la cabeza de la religión nacional, el jefe ejecutivo religioso y el mediador ante los dioses, por lo cual era reverenciado con temor religioso. Fue Rómulo quien instituyó el cuerpo de augures, siendo él mismo reconocido como el más destacado entre todos ellos, de la misma forma que Numa Pompilio instituyó los pontífices, atribuyéndosele la creación de la doctrina religiosa de Roma.
El rey no era Dios a los ojos del pueblo; era más bien el propietario de la ciudad. No encontramos aquí la creencia de que existe una familia real por gracia de Dios; ese no se qué de misterioso que hace del rey un hombre distinto de un mortal ordinario. La nobleza de sangre y el parentesco con los reyes anteriores era una recomendación, pero no una condición de elegibilidad. Todo ciudadano mayor de edad y de cuerpo y espíritu sanos podía ser elegido rey.
Su reinado solo acababa con su vida. Cuando no nombraba sucesor, lo cual tenía el derecho y hasta la obligación de hacer, se reunían los ciudadanos sin previa convocatoria y designaban un "interrey" (inter-rex), cuyas funciones sólo duraban cinco días, y que no podía obligar al pueblo a que le jurase fidelidad. Y como tampoco podía este interrey nombrar un rey sin previa convocatoria de los ciudadanos, nombraba un segundo interrey por otros cinco días, con capacidad para elegir monarca. No lo hará sin preguntar a los ciudadanos y consultar al Senado, sin asegurarse, en suma, el consentimiento de todos respecto de la elección que iba a hacer. Así es como persistía inviolable la unidad del Estado.


Instituciones militares

El servicio militar afectaba a los ciudadanos entre diecisiete y sesenta años. Hasta los cuarenta y cinco participaban en las campañas, y los mayores defendían las ciudades y formaban la reserva. Por lo general las clases altas no intentaban rehuir el servicio militar, ya que su cumplimiento era imprescindible para poder acceder a las magistraturas del Estado y hacer carrera política.
En función de la división original por curias (recordemos que 10 familias componían una gens, 10 gens una curia, y habían 10 curias por cada una de las tres tribus primitivas), la contribución a las levas era del siguiente modo: cada familia contribuía con un soldado de infantería (miles, miliciano) y cada gens con un soldado de caballería (celeres, caballero). Así pues, cada tribu aportaba 1000 soldados de infantería y 300 de caballería. El conjunto del ejército romano, la unión de las tres tribus, recibía el nombre de legión (legio). En los primeros tiempos Roma disponía sólo de una legión, y es dudoso que alguna vez se llegara a reunir el ejército al completo. Ni siquiera era un cuerpo permanente, se reclutaba y licenciaba según las necesidades.
Los trescientos caballeros (centuriae celeres) formaban la caballería del ejército de la Antigua Roma. Estaban bajo el mando de tres tribunos de la Caballería (Tribuni Celerum) y el jefe supremo de la Caballería era el Magister Equitum.
El mando supremo de los infantes correspondía inicialmente al rey y después a los Cónsules o Dictadores (o a los Legatus). El mando de los infantes de cada legión correspondía a los Tribunos de la Milicia (Tribunus Militum).

Según las fuentes romanas, Servio Tulio, el sexto rey de Roma, reorganizó la población de Roma para incluir a los plebeyos en el ejercito. Distinguió , según podían o no armarse para la guerra, dos grupos: Los classis y los infra classem; a estos últimos los excluyó del servicio armado; a los primeros, los dividió en cinco subgrupos (classes) de acuerdo a su riqueza. A partir de esta distinción, creó nuevas tribus territoriales; 16 rústicas para los propietarios, llamados también asidui, y 4 urbanas para los no propietarios. Dispuso, finalmente, que cada clase contribuyera al ejército con un determinado número de centurias (grupos de cien hombres), debiendo la primera clase aportar el mayor contingente (80 centurias). Las segunda, tercera y cuarta clases se agrupaban en 20 centurias cada clase y estaba formada por lanceros armados todos con escudos y lanzas y, atendiendo, a su riqueza, con yelmos y espadas. La quinta clase se agrupaba en 28 centurias de honderos. La sexta clase, los infra classem, no realizaba tareas militares. Esta organización militar será la base de los comicios centuriados, nueva asamblea que reemplazará políticamente a los comicios calados, los cuales quedarán restringidos a funciones sacras.
El mismo rey, para facilitar las levas, dividió la ciudad en cuatro cuarteles (mapa). Los cuatro tenían una población similar y contribuían igualmente al reclutamiento militar. La división se refería únicamente al suelo y comprendía a los poseedores de este. Cada legión y cada centuria encerraban un contingente igual de cada uno de los cuarteles.


  • Organización del ejército
En la infantería continuó la legión siendo la unidad militar. A modo de falange, comprendía tres mil hombres, ordenados y equipados a la manera dórica, con seis filas de espesor y presentando un frente de quinientos hombres con armas pesadas. A estos se unían, como tropa auxiliar, mil doscientos hombres armados a la ligera (velites). las cuatro primeras filas de la falange las ocupaban los hoplites, con armadura completa, reclutados entre los habitantes de la primera clase, los más ricos; en la quinta y sexta fila iban los propietarios rurales de la segunda y tercera clase, armados de un modo más sencillo. Por fin, los de la cuarta y quinta clase, formaban la última fila o combatían a los lados de la falange e iba armados a la ligera. Cada legión se dividía en cuarenta y dos centurias formando un total de cuatro mil doscientos hombres. De los tres mil hoplites, dos mil eran de la primera clase, quinientos de la segunda y quinientos de la tercera. Después venían los mil doscientos velites, de los que quinientos pertenecían a la cuarta clase y setecientos a la quinta clase. Cada cuartel daba sus mil cincuenta hombres a la legión, o sea, veinticinco a cada centuria. Por lo común, entraban dos legiones en campaña y quedaban las otras dos de guarnición en la ciudad; de donde se sigue que las cuatro legiones formaban un cuerpo de infantería de dieciséis mil ochocientos hombres. A esto había que añadir la caballería, que contaba con ochocientos caballos por legión, de los cuales una tercera parte pertenecía a los ciudadanos. Así, el efectivo normal del ejército romano de ambas armas ascendía a veinte mil hombres aproximadamente. Esta estructura militar se mantendría prácticamente inalterada has ta la reforma de Cayo Mario.

miércoles, 19 de diciembre de 2007

El arco de Cabanes

Retomamos nuestros viajes arqueológicos con una de las construcciones más simbólicas y más representativas del patrimonio de la época romana de la Comunidad Valenciana: el arco de Cabanes. Dicho monumento se encuentra en la provincia de Castellón, en la población de la que toma su nombre, Cabanes. Se ubica a las afueras, justo al lado del la Vía Augusta, que también pasa por las cercanías de la población, en la larga recta de 8 kilómetros con la que ésta atraviesa el Plà de l'Arc. Es el único monumento de estas características conservado en tierras valencianas, y está protegido desde 1931.

Si bien en un principio este tipo de monumentos se utilizaba para conmemorar victorias militares de generales y emperadores, con el tiempo muchos particulares empezaron a erigir arcos para conmemorar el ejercicio de un cargo público, embellecer la ciudad o recordar a familiares muertos. El arco romano de Cabanes es, casi con toda seguridad, un monumento funerario de carácter privado, quizá de algún personaje importante de la villa cercana, erigido a mediados del siglo II d.C.

La parte conservada del monumento corresponde a los dos pilares y el arco de un sólo vano, faltando todo el entablamiento. En su origen alcanzaría más de 7 metros de altura, aunque la citada parte conservada sólo alcanza los 5,80 metros. Las dovelas, 14 en total, están dispuestas de manera radial y tienen la típica forma de cuña. Está construido con bloques de piedra calcárea de la cercana montaña de Gaidó, que se labraban allí mismo con picolas, mazas y cinceles. En el Pou de la Roca, a 200 metros hacia el este, se encuentran tres sillares, pertenecientes posiblemente a su entablamiento, que fueron vaciados para ser utilizados como abrevaderos. También en una casa de la población de Cabanes, se conservan varios sillares.
A su alrededor, se han encontrado restos de un yacimiento romano, actualmente arrasado, que debió ser un hostal o taberna.






















Fuentes:
  • La gran historia de la Comunidad Valenciana, Tomo 2º, Pags 53-55

sábado, 15 de diciembre de 2007

Los orígenes de Roma (II). Fundación y monarquía

Hay pocos datos, y son muy imprecisos acerca de cómo se fundó Roma. Como vimos en el artículo anterior, la preeminencia geográfica y, en consecuencia económica de la Roma primitiva, facilitó la rápida expansión de la ciudad y el control de las aldeas tiberinas. Huyendo de la mitología, podemos seguir un esquema clásico acerca de la creación y desarrollo de Roma:

  1. En un primer estadio nos encontramos con la llamada Roma Quadrata, la cual estaba rodeada por un muro y el denominado Pomerium, la frontera sagrada de la ciudad de Roma. Es decir, Roma sólo existía dentro del Pomerium, siendo todo lo que estaba en el exterior tierras que pertenecían a Roma (pero no eran Roma)
  2. El siguiente rastro nos lleva a la fusión de las tribus latinas de la Roma Quadrata del monte Palatino con los sabinos de los montes Viminal y Quirinal, creando la llamada Liga del Septimontium (Liga de las Siete Colinas). El Septimontium comprendería entonces el Cermal, estribo del Palatino que descendía hacia las marismas que existían entre este y el Capitolino (Velabrum); el Velio, que unía el Palatino al Esquilino; el Fragutal, Oppius y Cispius, que formaban las tres cimas del Esquilino; y el Subura, en el valle situado entre el Esquilino y el Quirinal.
  3. La Ciudad de las Cuatro Regiones, habría sido el tercer paso en la ampliación de Roma, conseguida con la incorporación al Septimontium de los núcleos del Quirinal y el Capitolino. La nueva ciudad debió ampliar sus murallas, así como el radio del Pomerium.
  4. La Ciudad serviana, llamada así por la ampliación dirigida por el rey Servio Tulio, la cual mantenía el Pomerium creado en la Ciudad de las Cuatro Regiones pero amplió su muralla a fin de incluir en su recinto el monte Aventino.

La monarquía romana

La primera forma de gobierno de Roma se corresponde con una monarquía y, si seguimos los datos proporcionados por historiadores antiguos, como Tito Livio, Dionisio de Halicarnaso o Varrón, hubo una sucesión de siete reyes en un periodo de tiempo que comprende 243 años. Sobre este punto hay discrepancias, ya que el promedio de las duraciones de los reinados de cada uno, arroja una cifra de 35 años, cantidad excesiva a tenor de la esperanza de vida de aquel tiempo. Es bastante probable que en algún momento desconocido de la etapa monárquica de su historia, Roma cayera bajo el control de los reyes etruscos. No obstante, es más probable que tan sólo los últimos reyes de esta etapa pudieran haber existido realmente, mientras que no quedan evidencias históricas referentes a los primeros reyes de Roma. A pesar de ello, citaremos los nombres de los siete reyes romanos, así como algunos de sus hechos.

Su primer rey fue Rómulo, a quien también se le atribuye la fundación de Roma (21 de abril del 753 a.C.) Durante su reinado, se dio lugar a la creación del Septimontium, y debido a esa unión con los pueblos sabinos, se determinó que los reyes deberían ser elegidos alternativamente de cada uno de los pueblos. Así, a un rey latino le debería suceder un rey sabino, a este uno latino, y así sucesivamente. Rómulo también dividió a los habitantes de Roma entre los que eran aptos para combatir y los que no lo eran. Los primeros pasaron a ser las primeras legiones romanas y de entre los segundos seleccionó a 100 hombres de los de más alto linaje para formar el Senado. Estos y sus sucesores serían llamados patricios y formarían la casta nobiliaria romana. Al resto de habitantes se les llamó plebeyos, nombre que indicaba a los que no eran aptos ni para luchar, ni para gobernar. Según todas las fuentes, Rómulo libró diversas guerras, extendiendo la influencia de la ciudad por todo el Lacio y áreas circundantes. Tras su muerte, se le veneró como el dios Quirino.

Al reinado de Rómulo, le sucedió el del sabino Numa Pompilio, recordado por su extrema religiosidad y sabiduría. Con él, los territorios pertenecientes a Roma fueron divididos en distritos, con el fin de mejorar la administración, además de establecer una primera organización de la ciudad en "gremios". Si Rómulo fomentó las primeras directrices políticas y un cierto ordenamiento social, Numa Pompilio dedicó sus esfuerzos a establecer los cimientos de la Religión, creando colegios sacerdotales y elaborando el calendario de 12 meses. Se cree que es el constructor de los Templos de Vesta y Jano, además del del Templo de Saturno (abierto únicamente en períodos de guerras)

El tercer rey romano, según los anales, recayó sobre el latino Tulio Hostilio, que retomó la ampliación territorial comenzada por Rómulo e interrumpida por Numa. Conquistó y arrasó la famosa ciudad de Alba Longa, y toda su población fue enviada a Roma y esclavizada. A pesar de su naturaleza beligerante, Tulio Hostilio seleccionó a un tercer grupo de individuos que llegaron a pertenecer a la clase patricial de Roma, elegidos de entre todos aquellos que habían llegado a Roma buscando asilo y una nueva vida. También erigió un nuevo edificio para albergar al Senado, la Curia. Este rey, parece ser que murió fulminado por un rayo.

A Tulio Hostilio le sucedió el sabino Anco Marcio, nieto de Numa Pompilio y, como él, incrementó poco los límites de Roma y sólo entró en guerra en caso de que sus fronteras fueran comprometidas. Fue el rey que construyó el primer puente sobre el Tíber, el Pons Sublicius, además de fortificar el Monte Janículo, en el margen izquierdo del Tíber, como puesto de avanzadilla para brindar mayor protección a la ciudad por ese flanco. Fue también quien ordeno la construcción del puerto romano de Ostia. El tamaño de la ciudad se incrementó gracias a la diplomacia ejercida por Anco, que permitió la unión pacífica de varias aldeas menores en alianza con Roma. Gracias a este método, consiguió el control de los latinos, realojándolos en el Aventino, y consolidando así la clase plebeya de Roma. Fue el último de los reyes latino-sabinos de Roma.

Tarquinio Prisco fue el quinto rey de Roma, y el primero de origen etrusco. Tras emigrar a Roma, obtuvo el favor de Anco, quien lo adoptó como su hijo. Al ascender al trono, libró varias guerras contra sabinos y etruscos, doblando así el tamaño de Roma y obteniendo grandes tesoros para la ciudad. Con esos tesoros construyó grandes edificaciones de uso público, como la Cloaca Maxima (el alcantarillado de la ciudad), el Foro Romano, en las marismas entre el Palatino y el Capitolino (Velabrum) o el Circo Máximo, en el valle entre el Aventino y el Palatino. También fue el creador de los Juegos Romanos. Reformó el Senado, incrementándolo en 100 miembros provenientes de las tribus etruscas conquistadas. Así, el Senado pasó a constar de 300 miembros. Fue asesinado tras 38 años de reinado por los hijos de su predecesor, Anco Marcio. Su reinado es recordado además por haber introducido los símbolos militares romanos y por ser el primer rey en celebrar un triunfo.

Tras la muerte de Prisco, su yerno Servio Tulio le sucedió en el trono, siendo el segundo rey de origen etrusco que gobernaba Roma. Libró, como su predecesor, varias guerras victoriosas contra los etruscos. Utilizó el botín obtenido en sus campañas para erigir las primeras murallas que cercaran las siete colinas romanas sobre el pomerium, los llamados muros servianos1. También realizó cambios en la organización del ejército romano. Desarrolló una nueva constitución para los romanos, dando preferencia a las clases ciudadanas. También creó el primer censo, dividiendo a las gentes en cinco clases económicas, y la ciudad en cuatro regiones basándose en la distribución de las cuatro tribus urbanas. Sendas divisiones (la económica y la regional) dieron origen a las Asambleas Centuriadas y a las Asambleas tribales respectivamente. El reinado de Servio Tulio finalizó con su asesinato en una conspiración urdida por su propia hija Tulia y su marido Tarquinio, su sucesor en el trono.

El séptimo y último rey de Roma fue Tarquinio el Soberbio. Hijo de Prisco y yerno de Servio, Tarquinio también era de origen etrusco. La tradición es la que atestigua las faltas de este rey y las sublevaciones que produjeron. No consultaba jamás al Senado; pronunciaba las sentencias capitales y las confiscaciones sin la asistencia de un Consejo de ciudadanos; acaparaba el grano en cantidades enormes e imponía a todos el servicio de la guerra. También abolió y destruyó todos los santuarios y altares sabinos de la Roca Tarpeya2. Tan graves fueron sus faltas, que nada prueba mejor la cólera del pueblo que el juramento hecho por todos y cada uno de los habitantes, tanto para sí como para sus descendientes, de no aceptar jamás a un rey en el porvenir. El Senado expulsó a Tarquino y abolió la monarquía. Lucio Junio Bruto y Lucio Tarquinio Colatino, se convirtieron en los primeros cónsules del nuevo gobierno de Roma, la República.

Fuentes:
  • Morey, William C. Outlines Of Roman history
  • Mommsen, T. Historia de Roma.
  • Wikipedia

Notas:
1
Algunos estudios arqueológicos y fuentes literarias aseguran que hasta el saqueo de Roma por los galos de Breno no se levantó dicha cerca. Según esas mismas fuentes, es más probable que este rey mandara construir el agger, o doble muralla que defendía Roma por el lado del campus esquilinus, que era la parte más vulnerable.

2 La rupes Tarpeia era una pendiente escarpada junto a la cima Sur de la colina Capitolina, con vistas al antiguo foro. Se utilizó como lugar de ejecución de asesinos y traidores, que eran lanzados sin piedad desde la misma.


viernes, 14 de diciembre de 2007

Los orígenes de Roma (I). Primeros asentamientos

Mucho se ha dicho y escrito sobre los orígenes de esta ciudad; leyendas magníficas sobre su fundación y florecimiento; de héroes, saqueos, raptos y guerras. Con este artículo empieza una serie dedicada a la fundación de Roma, donde descubriremos el origen de las tribus que la fundaron, las primeras organizaciones políticas, sociales y militares, las costumbres, la religión, los reyes y las leyes. En definitiva, todos los aspectos que propiciaron y terminaron con la creación de la República de Roma. Como bien afirma el dicho, “Roma no se construyó en un día”, y dejando a un lado la mitología (objeto de futuros artículos), daremos una visión aproximada de la fundación de la ciudad eterna.

Las tribus tiberinas. Los ramnes, ticios y lúceres

Según las primeras noticias de que se dispone, los habitantes de la ciudad fundada a orillas del Tíber no se llamaban romanos, sino ramnes. Originariamente, los ramnes no ocupaban solos las colinas tiberinas, sino que lo hacían junto a los ticios y los lúceres. Tenían sus fortalezas en las cimas de las colinas, y las aldeas en la llanura inmediata, en donde cultivaban. La situación estratégica de estos asentamientos ofrecían a los barqueros que bajaban por el Tíber hasta su desembocadura una escala fácil y un refugio más seguro que el que proporcionaba cualquier puerto de la costa a los barcos que huían de los piratas. Así pues, Roma debe su rápida importancia, no a su fundación, sino a circunstancias comerciales y estratégicas.


Roma y las siete colinas

Todo indica que la ciudad original a partir de la cual nacería la futura Roma se formó con la fusión de los pueblos que habitaban el Quirinal, Celio y Esquilino,y debió ubicarse en el monte Palatino, recibiendo el nombre de Roma Quadrata, por la forma de cuadrado irregular de dicha colina. Hallazgos hechos aseguran que allí se encontraba el símbolo sagrado de la ciudad, el Mundus, donde cada uno de los primeros habitantes depositó todos los objetos de necesidad doméstica y un puñado detierra de su lugar de origen. Además, se hallaba el edificio público donde se reunían las curias1, cada una en su hogar particular. Allí estaba el templo donde se guardaban los escudos sagrados de Marte, y también el santuario del lobo (lúpercal) y la morada del sacerdote de Júpiter.

El Palatino fue, por lo tanto, la ubicación primitiva de la ciudad romana, encerrada en la entonces única muralla. Pero los habitantes construían también sus viviendas a las afueras de la fortaleza. Las barriadas más antiguas, que luego formarían el primer cuartel de los cuatro en los que Servio Tulio dividió la ciudad, se extendieron debajo del Palatino, hacia las marismas que descendían entre este y el Capitolino. Otro cuartel comprendía el arrabal construido sobre el monte Celio. Otros arrabales se extendieron hacia el Esquilino y hacia la llanura entre este y el Quirinal.

Pero la Roma Quadrata no era la única amurallada. El Quirinal fue, sin duda, el centro de otra ciudad independiente (pese a que algunos de sus habitantes prefirieran abandonar ese asentamiento para fundar la Roma Quadrata junto con los pueblos que ocupaban el Esquilino y el Celio), lo que da explicación a la construcción de la fortaleza en el valle entre el Esquilino y el Quirinal, ya que en este punto chocaban los dos territorios y los palatinos, que dominaban el valle, lo fortificaron para defenderse de los posibles ataques. No obstante, el desarrollo parejo de ambas ciudades y la similitud entre sus instituciones, propició la fusión en una sola ciudad, y también la ampliación de la muralla, que abarcaba las antiguas ciudades del Palatino y el Quirinal, ahora ya una sola ciudad, y las alturas del Capitolino y el Aventino. A los tres cuarteles de la ciudad palatina (el Palatino, la Subura (en el valle entre el Esquilino y el Quirinal) y el Esquilies -en el valle entre el Palatino y el Esquilino) se suma ahora un cuarto, el de la ciudad de la colina Quirinal. Con la unión de ambas ciudades surgió la Civitas (ciudad) llamada Roma, y con ella, nace la Monarquía romana, la cual será objeto del siguiente artículo, donde profundizaremos un poco más en la fundación de la ciudad y los primeros reyes.

Notas:

1 Una Curia, en los tiempos de la antigua Roma, era una subdivisión del pueblo, más o menos identificada con una tribu. El término curia también indica el lugar donde esta tribu discutía sus asuntos. El Comicio por Curias era la más antigua asamblea romana después del Comisio Calata. Cada una de las 3 tribus antiguas tenía 10 curias, y estas a su vez 100 hombres. En total eran entonces 3.000 personas que constituían las curias juntas. Este órgano, en un principio, elegía a los más altos magistrados (Fuente: Wikipedia)

Segóbriga

Estrenamos hoy el blog con una visita por las ruinas de una ciudad romana que, pese a su importancia, ha pasado bastante desapercibida para el público en general. Todos conocemos, o hemos oído nombrar Sagunto o Mérida, pero el nombre de Segóbriga resulta más desconocido. Conozcámosla, pues, un poco más.

Segóbriga se halla situada a unos 100 Km. de Madrid, en el término de Saelices (Cuenca), junto a la autovía A-3 de Madrid a Valencia.

Un poco de historia

Los hallazgos arqueológicos indican que, quizá se fundó como un asentamiento amurallado celtibérico que dominaba la cuenca del cercano río Gigüela, que servía como foso para la defensa del asentamiento.

Las primeras noticias relevantes sobre Segóbriga nos las proporciona el geógrafo Estrabón (Geografia III, 4, 10-15), al indicar que en la región celtibérica, alrededor de Bilbilis (actual Calatayud) y Segóbriga tuvo lugar una batalla entre Metelo y Sertorio (79-78 a. C.) durante una de las muchas guerras civiles que asolaron la República. Asimismo parece que la ciudad amurallada celtibérica fue arrasada durante esa misma guerra y sobre sus ruinas se edificó la Segóbriga romana, la cual llegó a ser denominada caput Celtiberiae o ciudad principal de la celtibérica.

En tiempos de el emperador Augusto, dejó de ser una ciudad que pagaba tributo a Roma y pasó a ser municipium latino, es decir, una ciudad gobernada por ciudadanos romanos, lo que aumentó su estatus y empujó su economía, debido sobre todo a la exportación del denominado lapis specularis, una especie de yeso traslúcido muy utilizado por entonces como ventana. Plinio el Viejo (Naturalis Historiae, XXXVI) menciona la explotación de este mineral, asegurándonos que:

“la más traslúcida de esta piedra se obtiene en la Hispania Citerior, cerca de la ciudad de Segóbriga y se extrae de pozos profundos”.

Ese auge económico propició la construcción de multitud de monumentos y edificios públicos, que terminaron alrededor del año 80 d. C., durante la época de los Flavios. De esa época es también la emisión de monedas en su ceca. Tras su auge en el siglo I, el desarrollo de este centro minero y administrativo prosiguió hasta la crisis del Imperio en el siglo III d. C., cuando aún existían en Segobriga importantes personajes romanos. Pero en el siglo IV ya se abandonan sus principales monumentos, como el Anfiteatro y el Teatro, prueba de su decadencia y de su progresiva conversión en un centro rural.

Teatro

Anfiteatro

El Foro






A partir del siglo V, durante la época visigoda, todavía fue un centro importante. De esa época son una gran basílica y la extensa necrópolis que la rodea. No obstante, con el paso del tiempo sus habitantes la fueron abandonando. El abandono definitivo debió producirse tras la invasión musulmana de la península, cuando sus obispos y gobernantes huyeron hacia el amparo de los reinos cristianos del norte. De ésta época datan las ruinas de una fortificación musulmana que se encuentra en el cerro cercano a las ruinas.

Basilica Visigoda

Losa

Necrópolis

Tras la reconquista, la población de los contornos se desplazó al actual pueblo de Saelices, situado a 3 km. más al norte.

Edificaciones

En lo que a edificios se refiere, aparte de los comentados anteriormente, también nos encontramos en bastante buen estado de conservación, unas termas (sobre una parte de las cuales se levantó la Ermita de la Virgen de los remedios), un anfiteatro, un sencillo acueducto que transportaba agua hasta la ciudad, un templo de culto imperial y el foro, centro de la vida social de la ciudad.

Acueducto

Templo de Culto Imperial

Las Termas

Estatua

Otros datos de interés

El conjunto arqueológico está actualmente en explotación, y cada día aparecen nuevos restos que aportan pistas sobre la vida en esta importante ciudad del Alto imperio Romano. En los alrededores existe un museo con los hallazgos escultóricos encontrados, y algunas imágenes virtuales de los antiguos monumentos que proporcionan al visitante una visión global de la antigua ciudad y sus edificios en pleno apogeo. El Centro dispone también de una sala donde se proyecta un vídeo introductorio a la visita.

Enlaces Relacionados y fuentes:

Presentación

Hola a todos.

Cuando oímos hablar de Roma, pensamos en un vasto imperio, conquistado a sangre y fuego. La diferencia fundamental respecto a otros grandes imperios, como el Imperio Francés de Napoleón, el Austro-Húngaro o el inglés en su máximo esplendor, es que mientras que en estos últimos era una nación la que expandía su poder, en aquella era una simple ciudad a orillas del Tíber. Una ciudad, que durante varios siglos, dominó el mundo conocido. Sus leyes, su arquitectura, su idioma son legados que han perdurado a través del tiempo y nos han llegado como pilares básicos de la sociedad actual.

Mi intención con este blog es acercar un poco más, si cabe, la historia de este pueblo. Cómo nació, su estructura de castas, su organización civil y militar, lugares de interés, etc., en definitiva, una visión más cercana de lo que fue, en mi humilde opinión, el Imperio más importante de la antigüedad, todo ello sin intención de aburrir a los (ya lo sé de entrada) escasos lectores.

Cualquier sugerencia, apunte o rectificación será bienvenido, pues no soy experto en la materia, ni mucho menos.

Un saludo a todos.